POR DANIEL PRADILLA

Se acabó el mundial. Y en estos días aburridísimos donde no hay fútbol, volver a la productividad cuesta mas trabajo que ganarle a Japón con un hombre menos. No se ustedes, pero yo me encuentro medio perdido, mirando el celular quinientas veces al día a ver cuando es que vuelve el condenado fútbol. Por eso no tengo más remedio que apelar al recuento de todas las cosas lindas que nos dejó este mundial, a las innumerables historias de nuestra travesía por Rusia y de la gente tan maravillosa con la que nos topamos.

 

Y hablando de historias les quiero compartir una en particular. Ocurrió en la ciudad de Samara en el tercer y último partido de Colombia contra Senegal en la fase de grupos. Después del bravísimo partido, pero con la tranquilidad de estar en la segunda ronda, nos fuimos con un grupo de amigos a celebrar la luchada clasificación. Tocaba utilizar la poquita pila que nos quedaba después de dos largas semanas de viaje, así que arrancamos para el FIFA fan fest de Samara a tomarnos una merecida cerveza viendo el ultimo partido de la jornada.

 

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El lugar, que tenía una capacidad para más de quince mil personas, estaba completamente repleto de camisetas amarillas, además de mucha gente local. En la mesa de al lado nuestro se encontraba una familia rusa que parecían ser locales de la ciudad de Samara. No paraban de mirarnos, seguramente era por nuestro peluqueado en forma de balón que por esos días nos dio nuestros cinco minutos de fama. De repente, se acercó a nosotros un señor joven para preguntarnos si su hijo se podía tomar una foto con nosotros.

 

Cuando le dijimos que sí, vimos como al niño se le iluminó la cara de emoción, así me le acerque le pregunte que como se llamaba. Su nombre era Zhenia, que se traduce al inglés, Jane. Era un niño de nueve años, que le encantaba jugar fútbol en el verano y hockey en el invierno. Como la gran mayoría de los niños Rusos, soñaba con algún día ser jugador profesional de hockey en la NHL. Zhenia vivía en Samara con sus papás Natalie y Alex y tenía una hermana mayor llamada Ira.

 

Esa noche, Zhenia llevaba puesta una camiseta blanca, unos shorts azules y una cachucha roja. En su cuello tenía una bufanda con los colores de la bandera de Colombia. Entre el gentío logramos armar un huequito para podernos tomar la foto, así que le pusimos a Zhenia una enorme bandera de Colombia en sus hombros. Después de un par de fotos, Zhenia corrió muy emocionado a los brazos de sus papás.

El equipo de Backpacking Football con Zhenia en el FIFA fan fest de Samara.

El equipo de Backpacking Football con Zhenia en el FIFA fan fest de Samara.

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De inmediato me sorprendió como esta foto le causo tanta felicidad a este niñito. Así que con mis amigos nos acercamos a esta familia nuevamente, esta vez para regalarle al pequeño Zhenia la bandera de Colombia que nos había acompañado en todos los partidos de Rusia.

 

La cara de Zhenia se transformó cuando le dijimos que la bandera era un regalo nuestro para que siempre se acordara de sus amigos de Colombia. Ni el, ni nadie de su familia, podían creer lo que estaba pasando. Alex, el papá de Zhenia, no entendía porque nosotros, que éramos los invitados en su país, les estábamos haciendo obsequios a ellos. Me confesó que se sentía mal porque eran ellos los que tendrían que estar dándonos regalos por tenernos en su país. Hubo algunas lagrimas de emoción de ellos como de nosotros, tanto que Alex muy agradecido por este lindo gesto para con su hijo, me dio un fuerte abrazo y nos dijo “Esto es una de las cosas más bonitas que nos ha pasado en la vida. Nunca nos vamos a olvidar de ustedes.” Al final de nuestra conversación le entregué mi tarjeta para que algún día me escribiera.

 

Pues resulta que esta semana recibí un correo titulado
“Hola de Samara”.

 

Era Alex, el papá de Zhenia, saludándome y preguntándome que si me acordaba de ellos. Me contó sobre su hijo y de la enorme bandera que le regalamos, la cual se encuentra colgada en la pared de su cuarto. Decía además que tenían gratos recuerdos de nosotros, especialmente de los hinchas latinoamericanos porque estábamos locos y éramos muy apasionados. También me preguntó cuantos “likes” tenía las foto que nos tomamos aquel día. En respuesta a tu pregunta querido Zhenia, por el momento la foto tiene 62. Ver link aquí.

 

Y aunque la foto que nos tomamos con Zhenia me trae gratos recuerdos, tal vez lo más lindo, y esto es algo que me llena de emoción, es el saber que este chiquitín de nueve años que se declara fanático de James Rodriguez y Radamel Falcao, cuelga con orgullo la bandera de nuestro país en la cabecera de su cama.

 

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Zhenia en su cuarto junto a sus padres Alex y Natalie.

Zhenia en su cuarto junto a sus padres Alex y Natalie.

Esta historia y estas fotos queridos lectores, son las que que con su ayuda podemos lograr que sean vistas por los cincuenta millones de Colombianos, y porque no, que se vuelvan virales. Porque más que representar los colores de un país, esta bandera se convirtió en un recuerdo imborrable en la memoria de un niño de nueve años, además de crear una amistad muy linda entre dos familias de desconocidos que se encontraron por la calle viendo un partido de fútbol. Los mundiales tienen esa magia, y nos brindan la oportunidad de compartir el amor por el fútbol con gente de todos los rincones del mundo, de una manera auténtica, alegre y pacífica.

 

Historias como estas son las que desde hace más de doce años, me han motivado a recorrer el mundo haciendo viajes futboleros. En mi caso, regresé a mi casa con miles de fotos y con la maleta repleta de anécdotas increíbles las cuales me hicieron cambiar por completo la opinión que yo tenía de Rusia, de su gente, y de su cultura. La verdad que recibir un correo como el de Alex o leer la carta del alcalde de Kazán sobre los Colombianos, son verdaderamente gratificantes. Eso es lo que me encanta de viajar, de poder tener la oportunidad de ir y observar con mis propios ojos las cosas y sacar mis propias conclusiones. Y este mundial, de alguna manera, fue la reafirmación de que las cosas hay que verlas, y vivirlas, en vez de que te las cuenten.

 

Al pequeño Zhenia y a su familia les quiero dar las gracias por compartir su historia y por dejar que un pedacito de nuestro país adorne las paredes de su casa. Hasta pronto queridos amigos, les mando un fuerte abrazo de gol desde el otro lado del mundo.

 

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Daniel Pradilla
Born and raised in Bogota, Colombia. Die-hard fan of Atletico Nacional and the Colombian National. Has 12+ years of football traveling experience, including 4 World Cups, Champions League, Premier League, La Liga, Copa America and Copa Libertadores.

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