POR: DANIEL PRADILLA

De los recuerdos futboleros de mi infancia, todavía sigue intacta la agónica clasificación al mundial de Italia 90 con ese gol del Albeiro "El Palomo" Usuriaga. Y como olvidar aquel gol de túnel de Fredy Rincón en el minuto 90+3” contra Alemania, que puso a temblar al Giuseppe Meazza en Milán. Después vendría el apoteótico 5-0 a la selección Argentina en El Monumental de Núñez, que nos dio el tiquete a Estados Unidos 94. También es importante recordar cómo nuestro país llegó a la decadencia total gracias al absurdo asesinato de una de las jóvenes promesas más queridas por la hinchada, el grandísimo Andrés Escobar.

Después vino Francia 1998, y con un equipo que ya se notaba un poco cansado, nos fuimos en la primera ronda sin pena ni gloria al ser eliminados por Inglaterra. Todavía recuerdo las imágenes de Faryd Mondragón llorando como niño por la eliminación, así como el intercambio de camisetas entre en Pibe y David Beckham al final el compromiso.

A partir de ese momento el fútbol colombiano se sumerge en una decadencia que lo dejaría ausente de las siguientes 3 justas mundialistas. La época dorada del fútbol colombiano llegaba a su fin. Fueron épocas oscuras en las que los hinchas nos tuvimos que conformar con ver los mundiales por televisión, sin nuestra querida selección la cual no parecía mejorar.

A pesar de todos estos altibajos futbolísticos, siempre tuve clarísimo que algún día, estaría en el estadio viendo jugar a nuestra querida sele en un Mundial de fútbol. Este siempre fue un sueño que compartí durante toda mi infancia con mis hermanos Felipe y Jorge. Por fortuna, en el 2006 se nos presentó la oportunidad de ir al mundial de Alemania. Después la tradición de este viaje de hermanos nos llevo al mundial del Sur África 2010.

En Berlin, para la final de la copa del mundo Alemania 2006.

En Berlin, para la final de la copa del mundo Alemania 2006.

En el fan fest de Munich, para la semifinal entre Alemania e Italia.

En el fan fest de Munich, para la semifinal entre Alemania e Italia.

Llegando a Sudáfrica para el mundial del 2010.

Llegando a Sudáfrica para el mundial del 2010.

A las afueras del estadio Soccer City en Johannesburgo, para el partido entre Holanda vs Dinamarca.

A las afueras del estadio Soccer City en Johannesburgo, para el partido entre Holanda vs Dinamarca.

Ver a España y Holanda en Sur África fue una experiencia inolvidable, pero faltaba algo; Faltaba la sele. El sueño de ver a Colombia en un mundial seguía intacto. Solo era cuestión de esperar.

Para el año 2010 ocurre un fenómeno en el que las selecciones inferiores de nuestro país empezaban a mostrar un fútbol vistoso, moderno y agresivo, algo muy diferente al toque-toque tradicional que la selección de mayores nos tenía acostumbrados. Fue en el mundial sub-21 del 2011 que se celebró en nuestro país cuando de la nada empezaron a aparecer jugadores con un talento indiscutible. Entre ellos—un tal James Rodríguez—un peladito que con su talento llevaría al equipo hasta los cuartos de final. A pesar de hacer un campeonato increíble, México los elimina en cuartos de final. Las lágrimas en sus ojos lo decían todo. A James le había faltado más. Tenia hambre de revancha.

Dos años más tarde, la vida le daba a James una segunda oportunidad. Las eliminatorias a Brasil fueron fundamentales para su desarrollo. La sabiduría de José Pékerman transformó a James un jugador mucho más maduro, un jugador que aparte de repartir bien la pelota tenía el don de gol. Llegó a Brasil y rápidamente con su fútbol logró callar a los críticos y enamorar al mundo con sus gambetas. El título de goleador del torneo le ratificó al planeta el exquisito talento de nuestro gran 10.

Pero los invito a que hagamos una pausa y de verdad volvamos a revivir lo que fue Brasil 2014. La cosa no empezó bien, porque con la lesión de Falcao, el país entró en un estado de shock. Solo recuerdo de ver los ojos aguados del tigre en esa última rueda de prensa. Pékerman lo espero hasta el último minuto, pero cuando él le anunció al mundo que no llegaba al mundial, debo confesar que lo primero que pensé fue, ¡nos jodimos!

Clasificar a Brasil nos costo sangre. Nunca se me va a olvidar el día que clasificamos, después del absurdo partido en el que le remontamos a Chile ese 3-3 en el Metropolitano de Barranquilla. Recuerdo que lo primero que hice cuando se acabó el partido fue llamar a mis hermanos para confirmar quien estaba firme para ir al mundial.

¡Habíamos esperado 16 largos años para este gran momento, así que la asistencia a Brasil no era una opción, era una obligación!

Con casi nueve meses de anterioridad, comenzaron los preparativos del viaje. Por el hecho de ya haber ido a un par de mundiales con mis hermanos, muchos amigos y familiares nos contactaron para que le ayudáramos con la logística del viaje. A punta de correos, reuniones y cientos de llamadas, el viaje fue cogiendo forma.

El 12 de Junio, con la maleta llena de sueños y acompañados de nuestras esposas, novias, suegras, amigos y familiares, salimos rumbo a la tierra de Jogo Bonito para ver a la selección participar en el mundial de Brasil 2014. Colombia debutaba ante Grecia, el 14 de Junio en el estadio de Mineirão de Belo Horizonte. El ambiente en las afueras del Mineirão era algo de locos. Ríos enteros de camisetas amarillas, pelucas del pibe, y banderas, se tomaron las calles aledañas al estadio. Los brasileños con su tradicional canarinha, también ayudaron a que las gradas del estadio fuera una sola mancha amarilla.

Nuestro primer dia en Brasil. Siempre hay que ser atentos y amigables con la prensa.

Nuestro primer dia en Brasil. Siempre hay que ser atentos y amigables con la prensa.

Llegando al estadio Mineirao, gran ambiente por las calles de Belo Horizonte.

Llegando al estadio Mineirao, gran ambiente por las calles de Belo Horizonte.

Con mis hermanos Jorge y Felipe, esperando con ansias a que empezara el partido.

Con mis hermanos Jorge y Felipe, esperando con ansias a que empezara el partido.

Las tribunas del Mineirao, una sola mancha de camisetas amarillas.

Las tribunas del Mineirao, una sola mancha de camisetas amarillas.

 

¡Oh gloria inmarcesible!

Como nunca antes en mi vida, logre sentir la euforia de todo un país cantando el himno de Colombia como lo que se vivió en el partido contra Grecia. Los que estuvimos ahí, daremos fe que se nos salieron las lagrimas, que se nos fue la voz de lo duro que gritamos, que se nos erizo la piel, de que nos abrazamos con el desconocido del puesto de al lado. El himno no lo cortaron en la mitad, pero eso no impidió que los mas de 58,000 espectadores siguieran cantando sin música. Al final, se escucho un grito feroz que sacudió el estadio, un grito de emoción en el que poníamos fin a esos 16 largos años que esperamos para volver a estar en un mundial. A mi en lo personal, me pudo la emoción. Lo mío no fueron unas simples lagrimitas de emoción, lo mío fueron por lo menos cuatro chilladotas de niño descontrolado. El partido empezó y yo creo que seguía llorando; no me la creía lo que estaba viendo.

Himno Nacional de Colombia

Lo que hicieron James y ese equipo de ensueño que lo acompaño en Brasil, hizo que los hinchas colombianos experimentáramos tal vez la alegría mas inmensa de nuestras vidas. Llegar hasta los cuartos de final, de la forma como lo hicieron, fue el regalo más grande que he podido recibir como hincha de esta selección.

La gente muchas veces me pregunta que se siente ir a un mundial, y yo les respondo que ir a un mundial es una cosa, pero ir a un mundial a ver jugar a Colombia es algo muy diferente.

Brasil nos despertó a los hinchas emociones que muchos nunca antes habíamos sentido. Nos hizo llorar de emoción y abrazarnos en torno a una misma bandera. Fue gracias a ellos que pudimos recordar lo que significa ser Colombiano. Difícil va ser borrar de nuestras memorias los estadios pintados de amarillo, o aquel inexplicable gol de volea contra Uruguay en el Maracaná.

Rusia, mis queridos amigos, está a la vuelta de la esquina. Y aunque esta vez solo espere cuatro años para este gran momento, allá estaré con mi familia y amigos en el Arena de Mordovia en Saransk, para ver a Colombia debutar en su primer partido contra Japón.

Vamos a agregarle amarillo a Rusia y a su bandera, para volverlos un país tricolor.

Nos vemos en el mundial.


 
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Daniel Pradilla
Born and raised in Bogota, Colombia. Die-hard fan of Atletico Nacional and the Colombian National. Has 10+ years of football traveling experience, including 3 World Cups, Champions League, Premier League, La Liga, and Copa America.