POR DANIEL PRADILLA
 

"A mi abuelo, quien me enseño a ser hincha del Atlético Nacional."

Es martes 26 de Julio, 2016 y el reloj marca las 2:20 pm. Me encuentro en el Aeropuerto Internacional de Miami, en la sala de abordaje para el vuelo 31 de Avianca, con destino a la ciudad de Medellín. Debo confesar que estoy un poco nervioso y me cuesta concentrarme; a lo mejor fue por eso que el perro del guardia de la línea de seguridad me miró rayado y se tomó un par de minutos más para olerme.

Tal vez todavía no asimilo del todo el evento del que seré testigo en unas cuantas horas. Llevo toda mi vida esperado este momento. Mañana, por primera vez en mis 34 años, podré ver jugar al Atlético Nacional en su casa, ante su gran hinchada, en la final del torneo más importante del continente.

En el avión, camino a Medellín.

En el avión, camino a Medellín.

Soy cauteloso, todavía no hemos ganado nada. Si bien hemos tenido una copa realmente inolvidable, los partidos hay que jugarlos y solo se puede celebrar cuando el árbitro da el pitazo final. Confieso que el rival me da miedo. Es uno de esos equipos que no cree en nadie y han dejado en el camino a todos los grandes del continente. Aunque falta lo más duro, esta copa ya me ha dejado cosas buenas. Difícil va a ser borrar de mi cabeza la imagen de mi linda mujer gritando como loca, enfurecida con los árbitros, y saltando en la cama de felicidad con los goles del verde.

Esta historia de amor por Nacional comienza a finales de los años ochenta. En mi casa, mi papá, que no es un tipo muy futbolero, decía ser hincha de Santa Fe. Mi hermano mayor, mi eterno rival, al que adoro con el alma pero con el que nos dimos en la cabeza desde que tengo uso de razón, salió hincha de Millos. Tal vez esa rivalidad me confirmó que yo podía ser hincha de cualquier otro equipo en el mundo, menos de Millonarios.

En la canchita que nos construyó el abuelo. La sonrisa de mi hermano Felipe cuando me ganaba en los penaltis

En la canchita que nos construyó el abuelo. La sonrisa de mi hermano Felipe cuando me ganaba en los penaltis

Mi abuelo Horacio, un tipo de gran sentido del humor, nacido en Manizales, nos construyó una canchita de guadua en la finca. En ella pasábamos horas enteras jugando penaltis, pero para infortunio mío, los cobros desde los 12 pasos siempre acababan con la amargura de la derrota de manos de mi hermano, que gozaba restregándomela en la cara. Mis rabietas divertían a nuestro abuelo que siempre tenía que salir a consolarme y clamaba por una justa revancha. El abuelo intuía mi pasión, y sabia de lo poquito que me gustaba perder, así que empezó a invitarme a ver los partidos de Nacional con él. Un día me dijo, “mire mijo, a usted que detesta perder, venga y mira conmigo como juegan estos muchachos. Póngale cuidado que esos siempre ganan”. Por esa época se jugaba la Copa Libertadores del año 1989, de la cual el Atlético Nacional saldría campeón. De aquel día tengo recuerdos borrosos, pero de lo que sí me acuerdo es de la alegría y el orgullo de mi abuelo por ser hincha del único equipo de Colombia que para esa época había conseguido alzarse con el máximo título continental.

Mi abuelo Horacio enseñándole a mi hermano Jorge sus primeros toques de balón

Mi abuelo Horacio enseñándole a mi hermano Jorge sus primeros toques de balón

Esa energía y pasión que el abuelo me inculcó fue suficiente para ignorar todos los comentarios necios y criticones que he recibido durante toda mi vida, por el hecho de ser un bogotano hincha de un equipo de Medellín. Muchos argumentan que los hinchas no se hacen, que uno nace hincha; claramente este no fue mi caso y sin apuros acepto que me dejé influenciar por una persona a la que le estoy eternamente agradecido.

Con el nacimiento de mi hermano menor, pensé que podía convencerlo para ser hincha de Nacional. Resulto también hincha de Millos

Con el nacimiento de mi hermano menor, pensé que podía convencerlo para ser hincha de Nacional. Resulto también hincha de Millos

Y aunque por mis venas corre poca sangre paisa, existe un inmenso cariño por un equipo que me ha dado infinitas alegrías y que siempre ha dejado muy en alto el nombre de Colombia.

No se pierda el recuento de nuestro viaje a la Copa Libertadores.

Todavía recuerdo la primera vez que mis padres me dejaron ir con mis amigos al estadio el Campín de Bogotá, a ver el clásico Millos vs Nacional. Recuerdo también lo que me costó comprar mi primera camiseta del verde, mi obsesión con los afiches y toda clase de indumentaria del Nacional, que decoraban mi habitación que mi papá llamaba “el cambuche”. También me acuerdo perfectamente de la final del ’95 contra Gremio, y a mi mamá diciéndome que si decía una grosería más, me apagaba el televisor.

A los 13 años use todos mis ahorros para comprar mi primera camiseta de Atlético Nacional. Temporada 1995-1996

A los 13 años use todos mis ahorros para comprar mi primera camiseta de Atlético Nacional. Temporada 1995-1996

Esa pasión por este lindo deporte me ha llevado a recorrer los estadios y torneos más importantes del mundo. Soy un creyente del buen fútbol y como bien decía el maestro Eduardo Galeano en su libro, El fútbol a sol y sombra, “Yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico: —Una linda jugadita, por el amor de Dios".

Ya cumplí mi sueño de ver a Colombia en un mundial, ahora espero poder ver al verde salir campeón de su segunda Copa Libertadores de América.

Mañana, cuando el reloj marque las 7:45 pm, miraré al cielo desde las tribunas del Atanasio Girardot, y agradeceré a mi abuelo Horacio por haberse tomado el tiempo de criarme como un hincha del Atlético Nacional.

Bueno, nos llamaron para abordar. Nos fuimos para Medellín!


 

Daniel Pradilla
Born and raised in Bogota, Colombia. Die-hard fan of Atletico Nacional and the Colombian National. Has 10+ years of football traveling experience, including 3 World Cups, Champions League, Premier League, La Liga, and Copa America.

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